Llevamos los tableros al autobús. Cada quien personalizaba su “cabina de control”, cuando el autobús arrancó todos echaron a andar su nave para comenzar un viaje fantástico al El nido de Quetzalcóatl.
El viaje fue largo pero “aterrizamos” en un lugar completamente nuevo en el que había muchas cosas por explorar.
Dentro de los departamentos que integran el fraccionamiento El nido de Quetzalcóatl los niños incluso decían en qué litera se iban a quedar, estaban muy contentos e impacientes por conocer los nuevos departamentos y ver qué cosas nuevas había en ellos, subimos escaleras, recorrimos los jardines, pasamos sobre un estanque y entramos por la boca de una serpiente para llegar al jardín donde comimos.
De regreso a la planta de Jumex averiguamos cómo orientarnos con las brújulas. El largo recorrido valió la pena, nuestro viaje fue realmente asombroso.
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